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Antes de partir al cielo, Cristo le dejó una tarea especifica a sus seguidores. Lo que ahora comúnmente conocemos como la gran comisión se encuentra en Mateo 28:18-20. Es en esta sección de la palabra de Dios donde encontramos el mandato de Cristo de no solo ser discípulos, sino hacer discípulos.

Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

La tarea que nos dejó nuestro Dios fue muy clara. Cristo no nos llamó a hacer
“creyentes”. Nos encargó hacer discípulos. Y una de las verdades centrales de lo que significa ser un discípulo de Cristo, se encuentra en estos mismos versículos de   Mateo 28. Esta verdad es, que un discípulo debe aprender a obedecer todo lo que Cristo enseña.

En términos simples, se podría decir que un discípulo es una persona que aprende de otra persona para después imitar los pasos de dicha
persona o maestro. Entonces, ser un discípulo de Cristo, es aprender
de Él para después imitarlo.

 

¿Todo Cristiano es un discípulo?

Algo sumamente importante de enfatizar es que, ser discípulo de Cristo es y debe ser la meta de todo creyente. Al mismo tiempo, esta meta o propósito, no es solo del creyente, si no de Dios mismo. La Biblia enseña que cuando Dios salva a alguien, no solo lo salva y adopta como hijo por medio de la justificación comprada por Cristo, para prometerle y darle vida eterna, sino que Dios le da a todo hijo suyo una nueva vida en donde comienza la obra poderosa de la santificación. Esta obra es un proceso también comprada por la sangre de Jesús, y consiste en que cada día, cada hijo de Dios, sea más y más como Cristo.

Para todo Cristiano, por más difícil que sea, ser como Cristo debe de ser no solo un mandato si no un anhelo. Sí amamos a nuestro Dios y creemos que verdaderamente es Él el único ser supremo y perfecto, ¿cómo no querríamos ser como Él en todos los sentidos posibles? Su perfecto carácter debe de ser algo deseable para nosotros y debe de inspirar nuestras vidas.

 



Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo - Romanos 8:29

En Juan 14:15, Cristo dijo, “el que me ama obedece mis mandamientos.
De la misma manera Juan 2:6 dice, “el que afirma que permanece en Él debe vivir como el vivió.”

De estos dos versículos podemos concluir lo siguiente: Todo aquél que vive como Cristo y obedece los mandamientos de Dios, es por que ama a Cristo y está en Él.

A la luz de esta afirmación podemos también concluir que un discípulo es todo aquél que sigue y obedece a Jesús porque tiene una relación con Dios y le ama. 

Implicaciones de seguir a Cristo

Aunque el concepto de lo que significa ser un discípulo es “sencillo”, y de hecho Cristo mismo en Mateo 11:29 describe el seguirlo como algo que nos trae descanso al alma, debemos saber que seguir a Cristo tiene algunas implicaciones, que a la hora de la practica, no son tan fáciles para nosotros.

Todo Cristiano lucha y batalla por amar a Cristo como Él lo merece, pide y exige. Por el hecho de que somos pecadores, no valoramos a Dios como deberíamos ni como muchas veces quisiéramos. Por esto mismo, necesitamos el auxilio divino del Espíritu Santo para que podamos dejar de amar al pecado y así poder comenzar a amar a Cristo. Es Dios mismo quien obra en nosotros. Nosotros no podemos seguir a Cristo ni amarlo en nuestras propias fuerzas. Necesitamos confiar en el poder y la gracia de Dios, esperando que Él haga su obra en nuestras vidas.

Malamente estamos acostumbrados a creer que la gracia es lo que recibimos a la hora de nuestra conversión, pero la gracia está siempre activa en la vida del creyente. 1 Corintios 15:10 deja claro que Pablo trabajó mucho mas que todos, pero Pablo dice que esta obra “suya” no era realmente suya sino que era de Dios. Pablo explica que era la gracia de Dios la que obraba por medio de él.

– Esto es de mucha importancia, porque debemos recordar que unas de las cosas que nos distingue como cristianos de todas las demás religiones creadas por el hombre es el hecho de que toda nuestra salvación de principio a fin es la obra de Dios. Nadie podrá jactarse en el día final delante de Dios.

En Filipenses 1:6, Pablo dice que Dios fue el que comenzó la buena obra, y que Dios mismo se encargara de perfeccionar esta obra. Esto debería no solo humillarnos, que claro que lo hace, pero también nos debería de animar y emocionar el saber que podemos confiar en que el mismo autor de nuestra fe es también el perfeccionador de nuestra fe.

Como ya se mencionó anteriormente, ser un discípulo es fácil en la teoría pero para todo hombre pecador es difícil en la practica. La misma Biblia nos dice que hay un costo involucrado. La palabra nos dice que para seguir a Jesús, debemos de estar dispuestos a cosas como negarnos a nosotros mismos, cargar nuestra cruz e incluso estar dispuestos a perderlo todo. Esto para cualquier hombre suena hasta imposible. Y de hecho lo es, pero lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. – Lucas 18:27

 

Si realmente somos hijos de Dios, Él nos ha dado su Espíritu...

Y Si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que vive en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquél que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. – Romanos 8:12-14

Esta realidad la debemos tener presente todo el tiempo porque aunque seguramente seguiremos tropezando y pasaremos por tiempos difíciles (tal como los apóstoles pasaron situaciones complicadas, de miedo y de sufrimiento) podremos confiar, no en nosotros mismos, sino en nuestro Maestro, Señor y Padre. El confiar y depender de Él, es la única manera en la que realmente podremos llegar a amarlo y por lo tanto seguirlo.



Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano para que anduviéramos en ellas. - Efesios 2:10

– Ser discípulo de Dios no es solo una tarea religiosa más, ser discípulo de Cristo es un regalo. Un regalo inmerecido que ningún hijo de Dios debe ni puede rechazar.

Leonardo Ehrenstein

Guadalajara, Jalisco, Mexico.
leo.iraygracia@gmail.com